miércoles, 28 de octubre de 2009
Derrick de Kerckhove: "Internet todavía es un medio neutral"
Mientras camina hacia el restaurante porteño en el que hará la entrevista, a Derrick de Kerckhove se le acerca una joven estudiante de comunicación que acaba de llegar de Salta. "Yo soy la que le mandó el e-mail por el proyecto de tesis", le dice. De Kerckhove la mira atento. "El hipertexto como extensión de la mente", insiste ella. Y él, que reconoce la frase, invita a la joven a sumarse a la charla con Ñ.
Sin dudas, sus ideas sobre el impacto de la tecnología en la cultura y en la percepción hacen escuela al igual que lo hizo su maestro, Marshall McLuhan, que prenunció estos encuentros fortuitos de "aldea global" hace casi 50 años. El tiempo pasa y este profesor de letras, especialista en medios y tecnología, se sigue llamando discípulo. "Continúo trabajando en la misma dirección que McLuhan, no voy a decir que entiendo todo, pero sus enseñanzas me guían en la investigación del impacto de los medios en el lenguaje", dice. Invitado por el INADI y la embajada de Canadá, recorrió el país dictando charlas sobre inclusión digital. Los nuevos procesos cognitivos, el papel de los medios y la red electrónica de comunicaciones como un sistema nervioso fueron algunos de los tópicos que usó para actualizar sus teorías. "El principio de la hipertextualidad permite tratar a la Red como la extensión de los contenidos de la mente", dijo para gusto de la estudiante salteña y dio pie al inicio de la entrevista.
-¿Le resulta útil seguir el pensamiento de McLuhan para abordar temas que están sujetos a cambios permanentes?
-"El medio es el mensaje" es una orientación muy poderosa. Aunque pobremente entendida por la mayoría, envuelve una gran cantidad de evidencia sobre el impacto de los medios, la televisión e Internet. Encuentro muy inspirador continuar con su línea de estudios, y creo en la idea de la extensión del sistema nervioso, de la externalización de la conciencia, de la globalización de la sensibilidad, de un medio ambiente hipertextual. Marshall nunca quiso hablar de cosas que él no había observado, aunque predijo Internet, él era experto en televisión. Y si tú tienes a alguien con esa cabeza, con esa orientación investigativa hacia la tecnología, necesitas ese punto de vista para aplicar a los medios que vienen. Sirve para analizar cosas nuevas.
-¿Es un exceso de humildad?
-Yo no creo haber inventado nada, simplemente he aplicado algunas de las ideas de McLuhan a nuestro entorno actual. Creo que solo tengo el 10 % de su mente, y eso me alcanza. (Se ríe).
-Pero su visión sobre el futuro de nuestras sociedades y por ende de los medios es mucho más esperanzadora, ¿por qué?
-Tiene que ser así. Es una actitud políticamente necesaria. A lo largo de la historia, cada nuevo medio trajo una revolución para nuestra sensibilidad. Y hubo desastres durante la transición entre un período y otro. Entre el mundo oral y la cultura letrada, por ejemplo, creando las guerras religiosas, la peor consecuencia de la innovación para la lengua. La radio favoreció dictaduras y la televisión mercados gigantescos... Estos efectos mediáticos serían impensables ahora, hemos dado fin a las guerras mundiales. Como dice Paul Virilio, ahora somos todos víctimas de una guerra civil global. Significa que todos estamos en un mismo espacio. Tengo esperanza, hemos pasado lo peor. Es imposible otra inquisición como la española.
-¿En qué apoya esa certeza?
-Estamos construyendo mejores cosas, un mejor ambiente, aunque ahora estemos en crisis. Nuestro mayor desafío hoy es superar los problemas ambientales, el daño al medio ambiente, y ese es un problema global, pero tengo esperanza en resolverlo. Veo un gran cambio en nuestros corazones, y sé que puedo sonar como un soñador, pero no soy de la New Age. Abrimos un mejor camino.
-¿Y qué tiene que ver la tecnología en esta modificación positiva de nuestras sociedades?
-Estamos creando una sociedad de confianza, para compartir. Creative Commons, una organización no gubernamental sin ánimo de lucro que desarrolla planes para ayudar a reducir las barreras legales de la creatividad, es un excelente ejemplo de cómo compartimos propiedad y conocimiento intelectual. No puedo garantizar nada, pero el pensamiento tiene cada vez más efecto sobre la realidad. Nuestra relación "mente- pantalla" es cada vez más íntima. Y lo que proyectamos y decimos involucra a más gente y se hace cada vez más rápido y fácil. Vamos a empezar a pensar juntos. Vamos a estar online, incluso, rezando juntos. Distribuyendo poder de la manera que Internet lo está haciendo hoy, hacemos que una guerra masiva sea menos probable. Necesitamos una inteligencia y una sensibilidad colectiva. Tengo que ser yo, estar conectado y ser parte del todo. Necesitamos estos tres estadios mentales.
-¿Tiene que ver con el fortalecimiento de las audiencias?
-En parte sí. Se han vuelto más fuertes ahora. Son más rápidas y enfocadas. Basta recordar la reunión de la WTO (Organización Mundial de Comercio) en Vancouver, resistida por activistas organizados, que luego hicieron lo mismo en Porto Alegre o en Davos. Se conectaron y actuaron. Internet tiene un altísimo impacto a la hora de movilizar gente para actuar en distintos escenarios frente a diversos problemas.
-Pero no es un poder real. Es reciente el caso de Filadelfia, donde las compañías telefónicas le impidieron al gobernador que ofreciera wi fi libre. ¿Qué poder tuvo la audiencia?
-Fue horrible. No hubo nada que se pudiera hacer en contra. Se hubiera necesitado otra revolución. O tal vez esa revolución ya esté sucediendo. En el futuro, con las herramientas tecnológicas y la posibilidad de pensar colectivamente, la gente tendrá que tomar cartas en el asunto y decir "ok, ¿dónde entramos nosotros aquí?". Estamos viendo frustrado nuestro derecho a comunicarnos, por el cual pagamos impuestos.
-¿Hay que legislar con más rapidez, al compás de los cambios que introduce la tecnología?
-Sí, pero algunos lo están haciendo de manera contraria. Cuando digo que las compañías secuestran a la población, o que los Gobiernos secuestran los derechos de la población, lo que sucede actualmente en Italia, por ejemplo. Berlusconi ha tomado el gobierno como si fuera una compañía privada, como una extensión de sus medios, y él defiende ese mercado con leyes que el mismo crea.
-¿Este pensar y actuar colectivo atado a Internet, podrá cambiar el rumbo de estos procesos?
-El fenómeno de maduración de las audiencias debería permitirlo. Ahora estamos en el momento en el que las compañías privadas controlan nuestros sistemas de comunicación. Internet todavía es un medio neutral, pero decir esto es meramente simbólico. Internet no es más neutral que Facebook. Sólo podemos lograr ciertas cosas si conseguimos que nuestras comunicaciones circulen por un medio neutral. Si no, le daremos la razón a George Orwell, en cuya su novela 1984, un Gran Hermano ubicuo y todopoderoso vigila sin descanso a la sociedad.
Por: HORACIO BILBAO
Fuente: [http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/10/29/_-02028828.htm]
El movimiento continuo, una alternativa a la piedra filosofal

Es posible que alguna vez se descubra el elixir de la vida, un remedio que cure todas las enfermedades. De alguna manera, los físicos nucleares han alcanzado la piedra filosofal porque pueden, mediante reacciones nucleares, convertir metales comunes en oro. Pero todos los físicos saben que hay algo que nunca se podrá alcanzar: el movimiento continuo, una máquina capaz de generar energía sin consumir nada a cambio.
Así lo prohíbe el principio de conservación de la energía, una de las leyes fundamentales de la naturaleza, que dice que “la energía no se crea ni se destruye”. Solamente puede transformarse. Por ejemplo, cuando el motor de un auto produce energía mecánica a costa de la energía química almacenada en el combustible, o cuando un generador produce energía eléctrica a costa de la energía mecánica que lo impulsa.
A principios del siglo XX pareció que este principio, una de cuyas variantes es la primera ley de la termodinámica, no se cumplía en ciertas reacciones nucleares, que parecían producir energía de la nada. Pero pronto quedó claro que esa energía siempre aparecía acompañada de una disminución de masa, según la famosa ecuación de Einstein E=mc2. De modo que el principio de conservación de la energía recuperó su validez al extenderlo al conjunto de la masa y la energía.
A pesar de todo esto, a lo largo de los siglos se han propuesto infinidad de máquinas de movimiento continuo, apelando a diversos mecanismos. Pero todas se pueden agrupar en unas pocas categorías.
Una de las más comunes es la rueda desbalanceada. Se trata de un dispositivo giratorio que se mantiene en permanente desequilibrio. Se supone que la rueda gira sin parar en busca de ese equilibrio que nunca alcanza. Por ejemplo, sea una cadena sinfín enganchada a dos ruedas, una abajo y otra arriba. Una tercera rueda aparta una de las ramas de la cadena unos cuantos centímetros hacia un lado. De esta forma hay más centímetros de cadena en una rama que en la otra. Este exceso tiraría hacia abajo esa rama y hacia arriba la otra, haciendo que las ruedas giren sin parar. En realidad, es fácil demostrar que el exceso de cadena es aguantado por la tercera rueda, de modo que nunca se produce el desequilibrio.
Otro tipo de móvil perpetuo muy común consiste en una rueda hidráulica impulsada por una caída de agua. Parte de la energía generada por la rueda es usada para volver a elevar el agua y mantenerla en movimiento. En esta descripción está revelada la falacia: para volver a elevar toda el agua es necesario usar toda la energía desarrollada al caer. No solamente no quedaría nada para aprovechar, sino que tampoco alcanzaría para compensar las pérdidas por rozamiento. Alguien podría objetar que esta explicación se basa en el principio de conservación de la energía, principio que los inventores de móviles perpetuos niegan. En ese caso se invita al inventor a fabricar la máquina y demostrar que el principio no vale.
Un tipo que combina la hidráulica con la rueda desbalanceada consiste en una cadena de esponjas que absorben agua de un lado de la cadena y que son exprimidas del otro. Como las esponjas húmedas son más pesadas, caen de su lado de la cadena y levantan las secas por el otro. Pero el rozamiento que sufren las esponjas al ser exprimidas impide todo movimiento.
Se sabe que, bajo ciertas condiciones, el agua sube por sí sola dentro de tubos muy delgados o de materiales porosos. Se trata del fenómeno llamado capilaridad. Diversos inventores han tratado de aprovechar esto para construir máquinas de movimiento continuo: el agua cae desde un depósito superior contra una rueda hidráulica a la que hace girar y luego vuelve a subir al depósito por capilaridad. Desde ya que esto no funciona: la misma capilaridad que hace que el agua suba hasta el depósito impide que luego caiga en él.
Hay muchas otras máquinas de movimiento continuo. Pero todas tienen algo en común: no funcionan. Aunque no siempre es fácil demostrar dónde falla la descripción del mecanismo, nunca nadie construye un modelo que funcione.
NO PUEDES GANAR, NO PUEDES EMPATAR
Hablando con propiedad, una máquina capaz de generar energía de la nada es un “móvil perpetuo de primera especie” y viola la primera ley de la termodinámica. Las máquinas reales están mucho más lejos de ello: ni siquiera pueden transformar en trabajo útil el ciento por ciento de la energía que consumen.
Por ejemplo, en el motor de un auto se pretende que la energía química almacenada en la nafta se convierta en energía mecánica para mover el auto. Pero los gases que se generan durante el funcionamiento del motor tienen que salir por algún lado. Y para expulsar esos gases se necesita consumir energía. Si toda se usara para mover el auto, los gases se acumularían dentro del motor hasta hacerlo estallar.
Lo anterior es consecuencia del segundo principio de la termodinámica que dice que es imposible transformar en trabajo útil toda la energía recibida. Siempre habrá algo que se pierda indirectamente. Una máquina capaz de aprovechar el ciento por ciento de la energía recibida sería un “móvil perpetuo de segunda especie”.
Ahora pensemos en un volante al que se le imprime un movimiento de rotación. Si suponemos que el volante no tiene ningún tipo de rozamiento en sus apoyos ni con el aire que lo rodea, en algún momento podría recuperarse su energía de rotación. Esto sería un tipo especial de movimiento continuo, llamado de “tercera especie” (pero no tiene nada que ver con el tercer principio de la termodinámica). Serviría para almacenar energía, pero nada más.
Finalmente, están los llamados “motores gratuitos”, aquellos que funcionan con energía que no cuesta nada. Por ejemplo, un motor eléctrico alimentado con energía solar. Aunque tienen interés práctico, no se consideran máquinas de movimiento continuo. Además, si somos amplios en la definición, muchos motores funcionan a energía solar, como una máquina de vapor calentada a leña: el calor que genera la madera al quemarse proviene de la energía que el árbol tomó del sol durante su crecimiento por fotosíntesis.
MOVILES PATENTADOS
Nuestra ley 111 de patentes de invención (reemplazada en 1996 por la 24.481) prohibía, entre otras cosas, el patentamiento de invenciones “contrarias a las leyes de la república”. Evidentemente, las leyes de la termodinámica y el principio de conservación de la energía no entraban dentro de ese grupo porque, hasta bien entrado el siglo XX, se patentaron en nuestro país muchas máquinas de movimiento continuo, que suponían la creación de energía de la nada.
En un extenso trabajo publicado en los años ’80 en la revista Física, el ingeniero Fernando Salvador recopila más de veinte máquinas de movimiento continuo patentadas en nuestro país entre 1891 y 1948. Algo parecido ha ocurrido en otros países. En un libro publicado en 1861, el inglés Henry Dirk cita más de ochenta patentes otorgadas en Gran Bretaña entre 1800 y 1861.
En realidad, que se conceda una patente oficial a una máquina de movimiento continuo no tiene nada de especial. Lo que una patente protege es un determinado dispositivo o conjunto de mecanismos. En la medida en que ese dispositivo sea original y no esté protegido por una patente anterior o pertenezca al dominio público, la patente se concede.
Por lo general, las solicitudes que presenta el inventor hablan de dispositivos para convertir o aprovechar energía. Si pretende abiertamente patentar una máquina que viola el bien establecido principio de conservación de la energía, su solicitud será rechazada a menos que presente un modelo que funcione. Así ocurrió en 1979, cuando un tal Joseph Newman presentó en los Estados Unidos una solicitud de patente por un motor que explícitamente declaraba generar más energía que la consumida. La oficina de normas realizó mediciones sobre el modelo presentado y declaró que la máquina consumía más energía que la producida. La patente fue rechazada y, aunque Newman apeló la decisión ante la Corte, perdió.
EL MOVIMIENTO CONTINUO EN LA LITERATURA
Siendo algo imposible, las máquinas de movimiento continuo han aparecido muchas veces en la ficción. Por ejemplo, en Viaje a la Luna, de Cyrano de Bergerac (el verdadero Cyrano, no el personaje de Rostand) se describen diversos métodos para viajar a la Luna. Uno de ellos consiste en una nave de hierro, muy liviana, y en una bala magnética. El viajero arroja la bala hacia arriba y ésta atrae a la nave. Cuando la nave alcanza a la bala, el viajero vuelve a arrojarla y así sucesivamente. Esto, efectivamente, permitiría darle un impulso inicial a la nave. Pero, una vez que está en el aire, el impulso adquirido por la bala (y que se transmite a la nave) se compensa con el impulso hacia abajo que recibe el viajero al arrojar la bala. Es decir, el método no funciona, aunque no tiene nada que ver con el movimiento continuo. Pero el protagonista agrega: “Con sólo sostener la bala a cierta distancia por encima de mi nave, ésta ascendía en forma ininterrumpida”. Es decir, la nave trataba de alcanzar al imán, que se mantenía siempre por encima de ella. Esto sí es una máquina de movimiento continuo y, por supuesto, tampoco puede funcionar: el imán atrae a la nave y la nave atrae al imán. Ambas atracciones se cancelan y ninguno de los dos se mueve.
En Escenas de tiempos caballerescos, del ruso Aleksandr Pushkin, el protagonista sueña con construir una máquina de movimiento continuo: “Perpetuum mobile es movimiento perpetuo. Si encuentro el movimiento perpetuo, yo no veo límites a la creación de la humanidad... es que, mi amable Martín, hacer oro es una tarea seductora, un descubrimiento, quizás, interesante, pero hallar el perpetuum mobile... ¡oh!...”.
Dentro de nuestra literatura tenemos El movimiento continuo-La cience de la casualitat, comedia en tres actos de Armando Discépolo. Estrenada en 1916, cuenta los esfuerzos de don Andrés García, un inventor autodidacta, para construir el móvil perpetuo. Cree estar cerca. Sólo le falta “descubrir esa piecita insignificante que dé el envión preciso para que cuando el contrapeso esté arriba le ayude a dar la vuelta una vez... y otra vez... y otra... y otra y esta rueda haga andar a la otra y a la otra ¡y a la máquina entera!” Por supuesto, esa piecita nunca se consigue y todo el asunto sirve solamente para que uno de sus socios se lleve toda la plata.
EL MOVIL ECOLOGICO
Como generan energía de la nada, sin consumir ningún recurso (y, probablemente, sin producir residuos peligrosos), las máquinas de movimiento continuo parecen ideales desde el punto de vista ecológico. Pero, por otra parte, como toda energía tarde o temprano se convierte en calor, un móvil perpetuo contribuiría peligrosamente al calentamiento global: si produce energía en forma gratuita, ¿quién limitaría su uso? Toda esa energía terminaría calentando el ambiente en forma irremediable.
En este sentido, mucho más interesante sería una máquina capaz de destruir energía reduciéndola a la nada. Un dispositivo así violaría el principio de conservación de la energía tanto como una máquina de movimiento continuo, pero permitiría, por ejemplo, refrigerar un motor de auto, un motor eléctrico o toda la atmósfera, sin efectos secundarios. A veces también es útil destruir energía.
EL MOVIMIENTO CONTINUO ES ARGENTINO
En 2004, el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) recibió una solicitud de patente por un “Generador de movimiento continuo mediante imanes permanentes”. La máquina en cuestión consiste básicamente en una rueda cubierta de imanes que son rechazados por otros fijos de modo que nunca para de girar. A pesar del nombre, el inventor alega que su máquina no crea energía de la nada, sino que emplea la energía magnética. Pero su máquina parece ser sólo una variante de la “rueda desbalanceada” que, en vez de recurrir a la fuerza de gravedad, usa la repulsión magnética.
La noticia circuló (y circula aún) en Internet rodeada de refutaciones científicas por un lado y acusaciones de dogmatismo por el otro, junto con apelaciones al patriotismo (¡el movimiento continuo es argentino!). Se dijo que una universidad de Estados Unidos había otorgado al inventor de la máquina un premio de 15.000 dólares y una notebook. Bastante poco, considerando lo que su invento representaría, si funcionara.
jueves, 15 de octubre de 2009
MULTIMEDIALIDAD
Distintos conceptos del término:
Al abordar el tema de lo multimedial comenzamos tratando de aclarar las diversas acepciones que rondan alrededor de este término que ha ganado ya un lugar muy común en el lenguaje cotidiano. Habitualmente se considera que un mensaje multimedial está constituído por más de un lenguaje: texto, imágenes, sonidos. Podríamos agregar que el término está destinado a cierto tipo de mensajes donde la condición tecnológica constituye el soporte para que éste se considere multimedia.
Aclaramos esto puesto que ciertas representaciones teatrales o asimismo el cine -con el agregado de los textos de traducción- podrían considerarse mensajes multimedia (texto, imagen en movimiento, sonido). Sin embargo, estamos de acuerdo en que no nos referimos a este tipo de mensajes al definir el término multimedia.
La condición tecnológica referida a la digitalización de los diversos códigos, por lo que tanto palabras, como sonidos, imágenes fijas o en movimiento se traducen a un mismo código digital, aparece en cierto modo como una condición imprescindible del mensaje multimedia. En este caso lo multimedial estaría definido por el soporte agregado a las característica de suma de códigos.
Por otro lado, cuando se aplica como adjetivo, el término multimedia se relaciona a realidades bastante diferentes, por ejemplo, cuando se dice "Comunicación multimedia" o "empresa multimedia".
El priemr término se refiere a la conjunción de diversos formatos, que integran textos, voz, imágenes, música; y en general supone un cierto nivel de interactividad por parte del usuario. De ahí la expresión "multimedia interactivo". Mientras que en segundo lugar, por "empresa multimedia" se considera a un conglomerado de empresas que abarcan distintos "media" o medios: diarios, revistas, televisión, radio e Internet.
Siguiendo a Salaverría consideramos que "cuando se habla de multimedia en el ámbito de la comunicación se alude a dos realidades: por un lado, a los lenguajes, y por otro, a los medios.
En el plano de los lenguajes o plano comunicativo, el adjetivo multimedia identifica a aquellos mensajes informativos transmitidos, presentados o percibidos unitariamente a través de múltiples medios.
En el plano de los medios, que por concretar, denominaremos plano instrumental, multimedia equivale a los "múltiples intermediarios" que pueden participar en la transmisión de un producto informativo, tanto si éste producto es multimedia en el sentido comunicativo como si no lo es.
Esta discriminación terminológica y conceptual, lejos de su aparente irrelevancia, importa mucho. Y es que cuando pasamos a hablar de "integración multimedia", expresión también cada vez más en boga entre los investigadores y usuarios del mundo digital, media un abismo conceptual entre interpretar esa expresión como una integración de carácter comunicativo o interpretarla como una integración de tipo meramente instrumental. En el primer caso, serían objeto de estudio las peculiaridades comunicativas de los contenidos informativos producidos mediante la integración de elementos textuales y audiovisuales. En el segundo caso, se deberían analizar aquellas mejoras instrumentales que acompañan a una gestión integrada de diversos medios por parte de las empresas de comunicación. El análisis de la integración multimedia en la comunicación permite, como se ve, perspectivas muy variadas" (Salaverría, 2001)
Fuente: http://www.newsmatic.e-pol.com.ar/index.php?pub_id=111&sid=4185&aid=30710&eid=1&NombreSeccion=Clase%207&Accion=VerArticulo
